Poema XXII

Entre las costillas de mi pecho blando

he cosido telarañas de hormigón.

Están sujetas por tres lañas, los infiernos,

y ancladas a la razón,

para que si amo, canto o me hacen daño,

nunca se me salga el corazón.

Pero he dejado una puerta abierta,

para sacármelo cuando yo quiera.

A que le de la luz, y la lluvia,

y a que vea las estrellas,

para acunarlo cuando se desvele

y mostrarle el sol que nunca quema.

Atraparlo entre mis manos,

calentarlo en las hogueras,

ver mis sueños en sus sueños,

y enterrarlo cuando muera.

Los tres infiernos:

haberte tenido,

no tenerte,

recordarte.

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